De regreso

De regreso

 

Se había metido en su vida sin que fuera posible desaparecerlo. Todas las noches, como una inevitable tentación acudía a la cita. No importaba si el día había sido agotador frente a la máquina, tecleando monótonamente notas de pedido, menúes y a veces, hasta los mails del dueño del negocio. La hora llegaba y Sara lo metía en su casa, lo encerraba en la oscuridad de su pieza y comenzaba a vivir “esa otra vida” oculta y placentera que la alejaba del trabajo mecánico y chato que hacía para Schulenberg.

Sin embargo,se prometió que a partir de esa noche, no lo haría más. Como todos los días de su inadvertida vida, regresó del restaurante y conversó de cosas triviales y chismes de pueblo con la dueña de la pensión. Comió algo liviano y se dispuso a terminar el largo día sin ceder a la tentación de acudir a su encuentro.

Distraídamente, manoteó la novela que había comenzado a leer hacía mucho tiempo. En verdad no le interesaba demasiado la historia. Los amores de Walter y Susan, ambientados en un mundo de lujos y pasiones desatadas habían logrado atraparla sólo al principio.

“Demasiado incoherente ese personaje que todos los viernes conjura la mala suerte vistiéndose de rojo, como si fuera un ritual de autoprotección, y, sin embargo, ha sido capaz de enriquecerse  entre vacas y nuevas tecnologías hasta llegar a ser el terrateniente más próspero del condado”- pensó con desdén- “ Y la pobre Susan, tan patéticamente dispuesta a cocinarle vegetales en primavera, y a tolerar sus excentricidades con el único fin de conquistar su corazón…y su dinero….. Una porquería “El claustro y la chimenea”.Una verdadera porquería.”- se dijo entre dientes y bostezó. 

Pensó que era tiempo de acostarse. El sueño resbalaba tibiamente por su cuerpo. “Momento de abrigarse entre las sábanas…”-tarareó con alivio.

Saboreó el triunfo. Hoy, Él esperaría el consabido encuentro pero ella no acudiría. Se lo tenía merecido. Hasta ahora la lucha había sido desigual. De poco le habían servido con Él su habilidad y su oficio. Demasiadas noches juntos, sin lograr avances significativos…

Se acostó y observó de reojo la máquina. La muy cretina la miraba en la oscuridad. Como un pequeño ojo verde titilaba el botón del monitor. Ningún sonido en la soledad de la noche. El silencio la agobiaba. Extrañaba el “tac tac” del teclado y la luz de la pantalla.

Se revolvió en la cama. Maldito insomnio. Maldito Él. Lo extrañaba. 

Aún así , todavía intentó resistirse… Pensó en Walter y Susan. En sus ridículas vidas de papel y tinta, tan absurdas como la suya. Y entonces, se dio por vencida…

Se levantó cansadamente, conciente de su derrota. Se sentó frente a la máquina, conectó Internet y, como todas las noches, obsesivamente, abrió el juego on line y volvió a ser Sexeeh Sarah, la amazona…

 

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