Malditos los prosistas de la muerte

CHARLES
BAUDELAIRE

Francia,
París (1821-1867)

ECTOR

Afanan
nuestras almas, nuestros cuerpos socavan

la
mezquindad, la culpa, la estulticia, el error,

y,
como los mendigos alimentan sus piojos,

nuestros
remordimientos complacientes nutrimos.

Tercos
en los pecados, laxos en los propósitos,

con
creces nos hacemos pagar lo confesado

y
tornamos alegres al lodoso camino

creyendo,
en viles lágrimas, enjugar nuestras faltas.

En
la almohada del mal, es Satán Trimegisto

quien
con paciencia acuna nuestro arrobado espíritu

y
el precioso metal de nuestra voluntad,

íntegro
se evapora por obra de ese alquímico.

¡El
diablo es quien maneja los hilos que nos mueven!

A
los objetos sórdidos les hallamos encanto

e,
impávidos, rodeados de tinieblas hediondas,

bajamos
hacia el Orco un diario escalón.

Igual
al absoluto que besa y mordisquea

el
lacerado seno de una vieja ramera,

si
una ocasión se ofrece de placer clandestino

la
exprimimos a fondo como una seca naranja […]

Si
el veneno, el puñal, el incendio, el estupro,

no
adornaron aún con sus raros dibujos

el
banal cañamazo de nuestra pobre suerte,

es
por que nuestro espíritu no fue bastante osado.

Mas,
entre los chacales, entre las panteras y los linces

los
simios, las serpientes, escorpiones y buitres,

los
aulladores monstruos, silbantes y rampantes,

en
la, de nuestros vicios, infernal mezcolanza.

¡Hay
uno más malvado, más lóbrego e inmundo!

Sin
que haga feas muecas ni lance toscos gritos

convertiría
con gusto, a la tierra en escombro

y,
en medio de un bostezo, devoraría al Orbe;

¡Es
el tedio!- Anegado de un llanto involuntario,

imagina
cadalsos, mientras fuma su yerba.

Lector,
tu bien conoces al delicado monstruo

-¡Hipócrita
lector- mi prójimo- mi hermano!

HIMNO
A LA BELLEZA

¿Bajas
del hondo cielo o emerges del abismo,

Belleza?
Tu mirada, infernal y divina

confusamente
vierte crimen y beneficio

por
lo que se te podría al vino compararte.

Albergas
en tus ojos al poniente y a la aurora,

cual
tarde huracanada exhalas tu perfume;

son
un filtro su besos y un ánfora tu boca

que
hacen cobarde al héroe y al niño valeroso.

¿Del
negro abismo emerges o bajas de los astros?

Como
un perro, el Destino sigue ciego tu falda,

al
azar vas sembrando el luto y la alegría

y
todo lo gobiernas sin responder a nada.

Caminas
sobre los muertos, Belleza, y de ellos te ríes;

el
Horror, de tus joyas no es la más hermosa

y
el Crimen, entre todas tus costosas preseas

danza
amorosamente entre tu vientre triunfal.

[…]
Qué tu llegues del cielo o el infierno, ¿qué importa?

Belleza,
inmenso monstruo, pavoroso e ingenuo,

si
tu mirar, tu risa, tu pie, me abren las puertas

de
un infinito que amo y nunca conocí.

Satánica
o divina, ¿qué importa?, Ángel, Sirena,

¿qué
importa? Si tu vuelves, hada de ojos de raso,

resplandor,
ritmo, aroma, ¡oh mi señora única!

Menos
odioso el mundo, más ligero el instante.

LA
SERPIENTE QUE DANZA



¡Cuánto me gusta ver, querida indolente,


de tu cuerpo tan bello,


como una tela vacilante, resplandecer tu piel!




Sobre tu abundante cabellera


De agrios perfumes,


Mar oloroso y vagabundo


De olas azules y oscuras,




Como un navío que se despierta


Al viento de la mañana,


Mi alma soñadora se prepara para partir


Hacia un cielo lejano.




Tus ojos, donde nada se revela


De dulce ni de amargo,


Son dos joyas frías donde se mezcla


El oro con el hierro.




Al verte caminar con cadencia,


Bella en tu abandono,


Se diría que eres una serpiente que danza


En el extremo de un bastón.




Bajo el fardo de tu pereza


Tu cabeza infantil


e balancea con la blandura


De un joven elefante,




Y tu cuerpo se inclina y se prolonga


Como un fino navío


Que se balancea de borda a borda y sumerge


Sus vergas en el agua.

Si estos eran los "poetas malditos" , ¿qué serían los prosistas de la vida que hoy caminan al lado nuestro proclamando el paragmatismo de la existencia? Aquéllos que viven sumergidos hasta el alma en un materialismo pobre,desconfiando del otro, asustados por la vida, plagados de alcohol y de sicólogos para seguir viviendo.Aquéllos que se deslizan por las superficies temerosos de los abismos, incapaces de adentrarse en los lazos que implican riesgos y, a veces, dolor.
Si "maldito" y "decadente", es seguir desangrándose, me gustaría que me calificaran con esos adjetivos. Me sentiría, entonces, más abrazada a la vida y más plenamente partícipe de la Gracia.

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