A Cuba

Isla

Rodeada de
mar por todas partes,


soy isla asida al tallo de los vientos…


Nadie escucha mi voz, si rezo o grito:


puedo volar o hundirme… Puedo a veces,


morder mi cola en signo de infinito.


Soy tierra desgajándose… Hay momentos


en que el agua me ciega y me acobarda


en que el agua es la muerte donde floto…


Pero ahora a mareas y ciclones,


hinco en el mar raíz de pecho roto.


Crezco del mar y muero de él… Me alzo,


¡para volverme en nudos desatados!…


¡Me come un mar batido por las olas


de arcángeles sin cielo, naufragados!

Mi
tristeza es suave

Mi tristeza es suave como
un claro de luna;

Ni queja ni temor

has de encontrar en ella
nunca.

Mi tristeza es suave como
un claro de luna,

como un verde temblor.

De agua o de brisa entre
los árboles . . .

Como un temblor de brisa .
. .

( Mi tristeza es tan
suave

que casi se parece a una
sonrisa)

Dulce María Loynaz (La Habana 1903-1997)


PALABRAS
FUNDAMENTALES


Haz que tu vida
sea


campana que repique


o surco en que florezca y fructifique


el árbol luminoso de la idea.


Alza tu voz sobre la voz sin nombre


de todos los demás, y haz que se vea


junto al poeta, el hombre.


Llena todo tu espíritu de lumbre;


busca el empinamiento de la cumbre,


y si el sostén nudoso de tu baculo


encuentra algún obstáculo a tu intento,


¡sacude el ala del atrevimiento


ante el atrevimiento del obstáculo!

Nicolás Guillén (Cuba 1902- 1989)

Canción del amor lejano


Ella
no fue, entre todas, la más bella,
pero me dio el amor más hondo y largo.
Otras me amaron más; y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

Acaso fue porque la amé de lejos,
como una estrella desde mi ventana…
Y la estrella que brilla más lejana
nos parece que tiene más reflejos.

Tuve su amor como una cosa ajena
como una playa cada vez más sola,
que únicamente guarda de la ola
una humedad de sal sobre la arena.

Ella estuvo en mis brazos sin ser mía,
como el agua en cántaro sediento,
como un perfume que se fue en el viento
y que vuelve en el viento todavía.

Me penetró su sed insatisfecha
como un arado sobre llanura,
abriendo en su fugaz desgarradura
la esperanza feliz de la cosecha.

Ella fue lo cercano en lo remoto,
pero llenaba todo lo vacío,
como el viento en las velas del navío,
como la luz en el espejo roto.

Por eso aún pienso en la mujer aquella,
la que me dio el amor más hondo y largo…
Nunca fue mía. No era la más bella.
Otras me amaron más… Y, sin embargo,
a ninguna la quise como a ella.

José Ángel Bueza (Cruces (Cuba) 1910)

La
rosa blanca




Cultivo una rosa blanca
En Julio como en Enero
Para el amigo sincero
Que me da su mano franca

Y para el cruel que me arranca
El corazón con que vivo
Cardo ni ortiga cultivo
cultivo una rosa blanca.

José Martí ( La Habana 1853 -1895)

Más allá de lo que digan, más allá de los poderosos de la Tierra, hay en América Latina un pedazo de verde bañado por los soles y los mares de la incomprensión, que enfrentó al Gigante con molinos de viento. Es Cuba. La isla…

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s