Alejandra, con “A” de angustia

Algunas veces

 Es el ahogo.Otra vez, el ahogo.
No puedo respirar bien.Algo me cierra los pulmones. El cigarrillo-me digo.
Tengo que relajarme.Usar las técnicas aprendidas.Controlarme. Lograr que la sangre circule otra vez normalmente.
No pienso. Trato de respirar.La mente en blanco.Cierro la boca que se abre, después, lentamente, de manera automática para que el aire ingrese.
 Me obligo a usar sólo la nariz.Uno, dos, sólo la nariz.Ensanchar los pulmones.Tengo que sentir los pulmones. Uno, dos, tres, el aire debe escaparse por la boca. Respirar. Permitir que la vida entre.Respirar…Despacio, permitir que la vida entre. Respirar… De a poco, de a pedazos…
 Me doy cuenta entonces, a medida que siento el fluir del aire, de que no es el cigarrillo, sino esta dolorosa angustia la que se sube a mi nariz, me cierra los pulmones, me maltrata y me invade.
Abro los ojos y escribo.Pongo en letras la angustia y me resigno.
Por un rato, respiro. Otra vez respiro.No siento nada, es cierto, pero al menos, respiro.

Marisa


COLD IN HAND BLUES

y qué es lo que vas a decir
voy a decir solamente algo
y qué es lo que vas a hacer
voy a ocultarme en el lenguaje
y por qué
tengo miedo.

Hija de viento

Han venido

invaden la sangre,

huelen a plumas,

la carencia,

a llanto.

Pero tú alimentas al miedo

y a la soledad

como a dos animales pequeños

perdidos en el desierto.

Han venido

a incendiar la edad del sueño.

Un adiós es tu vida.

pero tú te abrazas

como la serpiente loca de movimiento

que sólo se halla a sí misma.

Porque no hay nadie.

Tú lloras debajo de tu llanto,

tú abres el cofre de tus deseos

y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad

que las palabras se suicidan.

 

EXILIO

Esta manía de saberme ángel,

sin edad,

sin muerte en qué vivirme,

sin piedad por mi nombre.

Ni por mis huesos que lloran vagando.

¿Y quién no tiene un amor?

¿Y quién no goza entre amapolas?

¿Y quién no posee un fuego, una muerte,

un miedo, algo horrible,

aunque fuere con plumas,

aunque fuere con sonrisas?

Siniestro delirio amar a una sombra.

La sombra no muere.

Y mi amor

sólo abraza a lo que fluye

como lava del infierno:

una logia callada,

fantasmas en dulce erección,

sacerdotes de espuma,

y sobre todo ángeles,

ángeles bellos como cuchillos

que se elevan en la noche

y devastan la esperanza.

 

LA NOCHE

Poco sé de la noche

pero la noche parece saber de mí,

y más aún, me asiste como si me quisiera,

me cubre la conciencia con sus estrellas.

Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte,

tal vez la noche es nada

y las conjeturas sobre ella nada

y los seres que la viven nada.

Tal vez las palabras sean lo único que existe

en el enorme vacío de los siglos

que nos arañan el alma con sus recuerdos.

Pero la noche ha de conocer la miseria

que bebe de nuestra sangre y de nuestras ideas.

Ella ha de arrojar odio a nuestras miradas

sabiéndolas llenas de intereses, de desencuentros.

Pero sucede que oigo a la noche llorar en mis huesos.

Su lágrima inmensa delira

y grita que algo se fue para siempre.

Alguna vez volveremos a ser.

 

AMANTES

una flor

no lejos de la noche

mi cuerpo mudo

se abre

a la delicada urgencia del rocío.

 

QUIEN ALUMBRA

Cuando me miras

mis ojos son llaves,

el muro tiene secretos,

mi temor palabras, poemas.

Sólo tú haces de mi memoria

una viajera fascinada,

un fuego incesante.

 

PRIVILEGIO

Ya perdido el nombre que me llamaba,

su rostro rueda por mí

como el sonido del agua en la noche,

del agua cayendo en el agua

y es su sonrisa la última sobreviviente,

no mi memoria.

El más hermoso

en la noche de los que se van,

oh deseado,

es sin fin tu no volver,

sombra tú hasta el día de los días.

Alejandra Pizarnik  nació
en Buenos Aires, el 29 de abril de 1936, en una familia de inmigrantes
de Europa oriental. Estudió filosofía y letras en la Universidad de
Buenos Aires y pintura con Juan Battle Planas. Vivió en París desde
1960 hasta 1964, en donde trabajó para la revista Cuadernos y algunas editoriales
francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a
Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Cesairé e Yves Bonnefoy, y estudió
historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona. Al volver
a Buenos Aires, publicó tres de sus principales volúmenes.
 En 1969 recibió una beca Guggenheim, y en 1971 una Fullbright. 

El
25 de septiembre de 1972, mientras pasaba un fin de semana fuera de la
clínica psiquiátrica donde estaba internada, se suicidó con una sobredosis de seconal.

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