Nos queda la poesía

 Todo parece muerto.Nos engañan, nos llenan de terror el alma. Nos dormimos por siglos. Caemos, nos levantamos, volvemos a caernos, nos dolemos. Somos alegría y desconsuelo, resistencia y derrota, silencio y desecho. Acá estamos. Humanos y dolidos : viviendo…
 Pero en medio de los sueños que mueren y los hielos del tiempo, nos quedan los poetas, nos sostienen los versos.
M
The Will

Before I sigh my last gasp, let me breathe,
Great Love, some legacies ; I here bequeath
Mine eyes to Argus, if mine eyes can see ;
If they be blind, then, Love, I give them thee ;
My tongue to Fame ; to ambassadors mine ears ;
To women, or the sea, my tears ;
Thou, Love, hast taught me heretofore
By making me serve her who had twenty more,
That I should give to none, but such as had too much before.

My constancy I to the planets give ;
My truth to them who at the court do live ;
My ingenuity and openness,
To Jesuits ; to buffoons my pensiveness ;
My silence to any, who abroad hath been ;
My money to a Capuchin :
Thou, Love, taught’st me, by appointing me
To love there, where no love received can be,
Only to give to such as have an incapacity.

My faith I give to Roman Catholics ;
All my good works unto the Schismatics
Of Amsterdam ; my best civility
And courtship to an University ;
My modesty I give to soldiers bare ;
My patience let gamesters share :
Thou, Love, taught’st me, by making me
Love her that holds my love disparity,
Only to give to those that count my gifts indignity.

I give my reputation to those
Which were my friends ; mine industry to foes ;
To schoolmen I bequeath my doubtfulness ;
My sickness to physicians, or excess ;
To nature all that I in rhyme have writ ;
And to my company my wit :Thou, Love, by making me adore
Her, who begot this love in me before,
Taught’st me to make, as though I gave, when I do but restore.

To him for whom the passing-bell next tolls,
I give my physic books ; my written rolls
Of moral counsels I to Bedlam give ;
My brazen medals unto them which live
In want of bread ; to them which pass among
All foreigners, mine English tongue :
Though, Love, by making me love one
Who thinks her friendship a fit portion
For younger lovers, dost my gifts thus disproportion.

Therefore I’ll give no more, but I’ll undo
The world by dying, because love dies too.
Then all your beauties will be no more worth
Than gold in mines, where none doth draw it forth ;
And all your graces no more use shall have,
Than a sun-dial in a grave :
Thou, Love, taught’st me by making me
Love her who doth neglect both me and thee,
To invent, and practise this one way, to annihilate all three.


El testamento

Antes que exhale mi último suspiro, deja, Amor,
que revele mi legado. Es mi voluntad legar
a Argos mis ojos, si mis ojos pueden ver.
Si están ciegos, Amor, a ti te los entrego;
A la Fama doy mi lengua; a embajadores, mis oídos;
a mujeres, o a la mar, mis lágrimas.
Tú, Amor, me has enseñado
al hacerme amar a aquella que a veinte más tenía,
que a nadie debía dar, sino a quien tenía demasiado.

Mi constancia entrego a los planetas;
mi verdad, a quienes viven en la Corte;
mi ingenuidad y franqueza
a los jesuitas; a los bufones, mi ensimismamiento;
mi silencio, a quien haya estado fuera;
mi dinero, al capuchino.
Tú, Amor, me has enseñado, al instarme a amar
allí donde amor no es recibido,
a dar sólo a quienes tienen incapacidad probada.

Mi fe entrego a los católicos;
mis buenas obras, todas, a los cismáticos
de Amsterdam; mis mejores modales,
mi cortesía, a la universidad;
mi modestia doy al soldado raso.
Compartan los jugadores mi paciencia.
Tú, Amor, me has enseñado, al hacerme amar
a aquella que dispar mi amor entiende,
a dar sólo a quienes tienen por indignos mis regalos.

Sea mi reputación para aquellos que fueron
mis amigos; mi industria, para mis enemigos.
A los escolásticos hago entrega de mis dudas;
de mi enfermedad, a los médicos, o al exceso;
a la naturaleza de todo lo que en rima tengo escrito,
y para mi acompañante sea mi ingenio.
Tú, Amor, cuando adorar me hiciste a aquella
que antes este amor en mí engendrara,
a hacer como si diera, me enseñaste, cuando restituyo sólo.

A aquel por quien tocan las campanas,
mi libro doy de medicina; mis pergaminos
de consejos morales sean para el manicomio;
mis medallas de bronce, para quienes tienen
escasez de pan; a quienes viajan entre
todo tipo de extranjeros doy mi lengua inglesa.
Tú, Amor, al hacer que amara a quien
considera su amistad justa porción
para jóvenes amantes, haces mis dones desproporcionados.

Así, pues, no daré más, sino que el mundo
destruiré al morir, pues el amor muere también.
Tu hermosura, toda, menos entonces valdrá
de lo que el oro en la mina, sin que haya quien lo extraiga
y de menos tus encantos, todos, te servirán,
de lo que puede un reloj de sol dentro de una tumba.
Tú, Amor, me has enseñado, al hacerme
amar a aquella que a ti y a mí desdeña,
a ingeniar esta manera de aniquilar a los tres.

John Donne (1572-1631)

It might be lonelier

It might be lonelier
Without the Loneliness
I’m so accustomed to my Fate
Perhaps the Other -Peace

Would interrupt the Dark
And crowd the little Room
Too scant -by Cubits- to contain
The Sacrament -of Him-

I am not used to to hope
It might intrude upon
Its sweet parade -blaspheme the place-
Ordained to Suffering

It might be easier
To fail -with Land in Sight-
Than gain -My Blue Peninsula-
To perish – of Delight-


Podría estar más sola

Podría estar más sola sin mi soledad,
tan habituada estoy a mi destino,
tal vez la otra paz,
podría interrumpir la oscuridad
y llenar el pequeño cuarto,
demasiado exiguo en su medida
para contener el sacramento de él,

no estoy habituada a la esperanza,
podría entrometerse en su dulce ostentación,
violar el lugar ordenado para el sufrimiento,

sería más fácil fallecer con la tierra a la vista,
que conquistar mi azul península,
perecer de deleite.

Dreams are the subtle Dower

Dreams are the subtle Dower
That make us rich an Hour —
Then fling us poor

Out of the purple Door
Into the Precinct raw
Possessed before —


Los sueños son el sutil Don

Los sueños son el sutil Don
que nos vuelve ricos por una hora
luego nos arrojan pobres.

Afuera de la púrpura puerta
En el precinto frío
Anterior antes poseído.

Emily Dickinson (1830-1886)

Tormento del amor

Te amé, te amé, por tus ojos, tus labios, tu garganta, tu voz,
tu corazón encendido en violencia.
Te amé como a mi furia, mi destino furioso,
mi cerrazón sin alba, mi luna machacada.

Eras hermosa. Tenías ojos grandes.
Palomas grandes, veloces garras, altas águilas potentísimas…
Tenías esa plenitud por un cielo rutilante
donde el fragor de los mundos no es un beso en tu boca.

Pero te amé como la luna ama la sangre,
como la luna busca la sangre de las venas,
como la luna suplanta a la sangre y recorre furiosa
las venas encendidas de amarillas pasiones.

No sé lo que es la muerte, si se besa la boca.
No sé lo que es morir. Yo no muero. Yo canto.
Canto muerto y podrido como un hueso brillante,
radiante ante la luna como un cristal purísimo.

Canto como la carne, como la dura piedra.
Canto tus dientes feroces sin palabras.
Canto su sola sombra, su tristísima sombra
sobre la dulce tierra donde un césped se amansa.

Nadie llora. No mires este rostro
donde las lágrimas no viven, no respiran.
No mires esta piedra, esta llama de hierro,
este cuerpo que resuena como una torre metálica.

Tenías cabellera, dulces rizos, miradas y mejillas.
Tenías brazos, y no ríos sin límite.
Tenías tu forma, tu frontera preciosa, tu dulce margen
de carne estremecida.
Era tu corazón como alada bandera.

¡Pero tu sangre no, tu vida no, tu maldad no!
¿Quién soy yo que suplica a la luna mi muerte?
¿Quién soy yo que resiste los vientos, que siente las
heridas de sus frenéticos cuchillos,
que le mojen su dibujo de mármol
como una dura estatua ensangrentada por la tormenta?

¿Quién soy yo que no escucho entre los truenos,
ni mi brazo de hueso con signo de relámpago,
ni la lluvia sangrienta que tiñe la yerba que ha nacido
entre mis pies mordidos por un río de dientes?
¿Quién soy, quién eres, quién te sabe?
¿A quién amo, oh tú, hermosa mortal,
amante reluciente, pecho radiante;
¿a quién o a quién amo, a qué sombra, a qué carne,
a qué podridos huesos que como flores me embriagan?


Unidad en ella

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.
Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima,
con esa indescifrable llamada de tus dientes.
Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.
Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.
Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.
Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

Vicente Aleixandre (Sevilla, 1898-1984)



Vamos juntos

Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
compañero te desvela
la misma suerte que a mí
prometiste y prometí
encender esta candela
Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
la muerte mata y escucha
la vida viene después
la unidad que sirve es
la que nos une en la lucha
Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
la historia tañe sonora
su lección como campana
para gozar el mañana
hay que pelear el ahora
Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
ya no somos inocentes
ni el la mala ni en la buena
cada cual en su faena
porque en esto no hay suplentes
Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero
algunos cantan victorias
porque el pueblo paga vidas
pero esas muertes queridas
van escribiendo la historia
Con tu puedo y con mi quiero
vamos juntos compañero.

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte
tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de amarte
tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte
o sea
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizás más lo primero
que lo segundo y también
viceversa


Todavía

No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría

palpo, gusto, escucho y veo
tu rostro, tu paso largo,
tus manos y, sin embargo,
todavía no lo creo

tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto

nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa

sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía

pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro

y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido

y si beso la osadía
y el milagro de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.

Mario Benedetti (Uruguay, 1920)

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