Pablo…

 
 

 

 

Te amo

 

Te amo de una manera inexplicable.

 

De una forma inconfesable.

 

De un modo contradictorio.

 

Te amo

 

Con mis estados de ánimo que son muchos

 

Y cambian de humor continuamente

 

Por lo que ya sabes…

 

El tiempo,  la vida,  la muerte.

 

Te amo

 

Con el mundo que no entiendo.

 

Con la gente que no comprende.

 

Con la ambivalencia de mi alma.

 

Con la incoherencia de mis actos.

 

Con la fatalidad del destino.

 

Con la conspiración del deseo.

 

Con la ambigüedad de los hechos.

 

Aún cuando te digo que no te amo, te amo.

 

Hasta cuando te engaño no te engaño,

 

En el fondo llevo a cabo un plan

 

Para amarte más y mejor

 

Te amo

 

Sin reflexionar, inconscientemente,

 

irresponsablemente , involuntariamente

 

Por instinto, por impulso, irracionalmente.

 

En efecto no tengo argumentos lógicos.

 

Ni siquiera improvisados

 

Para fundamentar este amor que siento por ti

 

Que surgió misteriosamente de la nada

 

Que no ha resuelto mágicamente nada

 

Y que milagrosamente de a poco con poco y nada

 

Ha mejorado lo peor de mí.

 

Te amo

 

Te amo con un cuerpo que no piensa,

 

Con un corazón que no razona,

 

Con una cabeza que no coordina.

 

Te amo incomprensiblemente.

 

Sin preguntarme porqué  te amo,

 

Sin importarme porqué  te amo

 

Sin cuestionarme porqué  te quiero

 

Te amo

 

Sencillamente porque te amo

 

Yo mismo no sé porqué  te amo.

 

 

GIAN FRANCO PAGLIARO

 

 

Poema 20

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

 

Escribir, por ejemplo: “La noche esta estrellada,

y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”.

 

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

 

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.

La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

 

Ella me quiso, a veces yo también la quería.

Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

 

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

 

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.

Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

 

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.

La noche está estrellada y ella no está conmigo.

 

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.

Mi alma no se contenta con haberla perdido.

 

Como para acercarla mi mirada la busca.

Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

 

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

 

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.

Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

 

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.

Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

 

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

 

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,

mi alma no se contenta con haberla perdido.

 

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,

y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.

 

 

La Canción Desesperada

 

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.

El río anuda al mar su lamento obstinado.

 

Abandonado como los muelles en el alba.

Es la hora de partir, oh abandonado!

 

Sobre mi corazón llueven frías corolas.

Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!

 

En ti se acumularon las guerras y los vuelos.

De ti alzaron las alas los pájaros del canto.

 

Todo te lo tragaste, como la lejanía.

Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio !

Era la alegre hora del asalto y el beso.

La hora del estupor que ardía como un faro.

 

Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego,

turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio!

 

En la infancia de niebla mi alma alada y herida.

Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

 

Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo.

Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio!

 

Hice retroceder la muralla de sombra.

anduve más allá del deseo y del acto.

 

Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí,

a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto.

 

Como un vaso albergaste la infinita ternura,

y el infinito olvido te trizó como a un vaso.

 

Era la negra, negra soledad de las islas,

y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos.

 

Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta.

Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro.

 

Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme

en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos!

 

Mi deseo de ti fue el más terrible y corto,

el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido.

 

Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas,

aún los racimos arden picoteados de pájaros.

 

Oh la boca mordida, oh los besados miembros,

oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados.

 

Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo

en que nos anudamos y nos desesperamos.

 

Y la ternura, leve como el agua y la harina.

Y la palabra apenas comenzada en los labios.

 

Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo,

y en el cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio!

 

Oh sentina de escombros, en ti todo caía,

qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron.

 

De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste

de pie como un marino en la proa de un barco.

 

Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes.

Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo.

 

Pálido buzo ciego, desventurado hondero,

descubridor perdido, todo en ti fue naufragio!

 

Es la hora de partir, la dura y fría hora

que la noche sujeta a todo horario.

 

El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa.

Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros.

 

Abandonado como los muelles en el alba.

Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos.

 

Ah más allá de todo. Ah más allá de todo.

Es la hora de partir. Oh abandonado.

 

 

POEMA 18

Aquí te amo.
En los oscuros pinos se desenreda el viento.
Fosforece la luna sobre las aguas errantes.
Andan días iguales persiguiéndose.

Se desciñe la niebla en danzantes figuras.
Una gaviota de plata se descuelga del ocaso.
A veces una vela. Altas, altas estrellas.

O la cruz negra de un barco.
Solo.
A veces amanezco, y hasta mi alma está húmeda.
Suena, resuena el mar lejano.
Este es un puerto.
Aquí te amo.

Aquí te amo y en vano te oculta el horizonte.
Te estoy amando aún entre estas frías cosas.
A veces van mis besos en esos barcos graves,
que corren por el mar hacia donde no llegan.

Ya me veo olvidado como estas viejas anclas.
Son más tristes los muelles cuando atraca la tarde.
Se fatiga mi vida inútilmente hambrienta.
Amo lo que no tengo. Estás tú tan distante.

Mi hastío forcejea con los lentos crepúsculos.
Pero la noche llega y comienza a cantarme.
La luna hace girar su rodaje de sueño.

Me miran con tus ojos las estrellas más grandes.
Y como yo te amo, los pinos en el viento, quieren cantar tu nombre con sus hojas de alambre.

  

Pablo Neruda
(1904-1973)

Neftalí Ricardo Reyes Basoalto (quien escribiría posteriormente con
el seudónimo de Pablo Neruda) nació en Parral el año 1904. 

  En 1919 obtiene el tercer premio en
los Juegos Florales de Maule con su poema Nocturno ideal.

En 1921 se radica en Santiago y estudia pedagogía en francés en
la Universidad de Chile, donde obtiene el primer premio de la fiesta
de la primavera con el poema La canción de fiesta, publicado
posteriormente en la revista Juventud. En 1923, publica Crepusculario,
que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro
Prado.

Posteriormente se manifiesta un
propósito de renovación formal de intención vanguardista en tres
breves libros publicados en 1926: El habitante y su esperanza ;
Anillos (en colaboración con Tomás Lagos) y Tentativa del hombre
infinito.

En 1927 comienza su larga carrera diplomática cuando es nombrado
cónsul en Rangún, Birmania. En sus múltiples viajes conoce en Buenos
Aires a Federico García Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti.
En 1935, Manuel Altolaguirre le entrega la dirección a Neruda de
la revista Caballo verde para la poesía en la cual es compañero de
los poetas de la generación del 27. Ese mismo año aparece la edición
madrileña de Residencia en la tierra.

En 1936 al estallar la guerra civil española, muere García Lorca,
Neruda es destituido de su cargo consular, y escribe España en el
corazón.

En 1945 obtiene el premio Nobel  de Literatura.

En 1950 publica Canto General, texto en que su poesía adopta una
intención social, ética y política. En 1952 publica Los versos del
capitán y en 1954 Las uvas y el viento y Odas elementales. En 1958
aparece Estravagario con un nuevo cambio en su poesía. En 1965 se
le otorga el título de doctor honoris causa en la Universidad de
Oxford , Gran Bretaña. En octubre de 1971 recibe el Premio Nobel
de Literatura.

Muere en Santiago el 23 de septiembre de 1973 . Póstumamente se
publicaron sus memorias en 1974, con el título Confieso que he vivido

 

 

AMAME

Amame, como aquellos que se amaron sin límites.
como aquellos que se salvaron por el Amor.
como aquellos que se iluminaron por el Amor.
como aquellos que se transmutaron por el Amor.

Amame, sin prejuicios ni condiciones.
sin esperas ni reservas.
sin egoísmos ni sombras.
sin cadenas ni sumisiones.

Amame, con la profundidad insondable del océano.
con la claridad del Sol de las montañas.
con la fuerza suprema de vientos huracanados.

Amame, con la blanca llama de tu alma despierta.
con la alegría de cielos infinitos.
Porque sólo por el Amor peregrinamos juntos
hacia la dicha divina e inmortal.

TE SIENTO

Te siento cada día rozándome invisible
sutilmente impalpable.
Y aunque sé que siempre te he llevado conmigo
eres siempre la suave, dulcemente imposible
lejanía luminosa…

Te siento cada día cantar, mas no sé donde.
Eres algo que vive más allá de mí mismo
y aunque siempre eres nube y horizonte lejano
¡sentí tu beso sobre mi alma!

Mi espíritu solitario te sueña en todas las cosas
Mi alma te busca tras toda emoción
¡Mi camino está lleno de tu nombre!
¡Lejana!…¿Dónde estás?…¿Dónde estás?

A   Ti

Quiero cantar con la voz del Alma
el himno del amor eterno,
quiero abrazar con mi cuerpo de luna
el templo de oro de tu alma tranquila.

Quiero sentir tu presencia huidiza,
sumergiéndome en la Luz de tus caminos,
volar con el ritmo del viento
hacia las alturas del amor,
y entregarme a ti para siempre
en el éxtasis de nuestra unión secreta.

Quiero elevarme contigo
más allá de las cumbres terrenales
hasta el reino de la paz y de la armonía,
donde nuestra dicha no pueda ser perturbada jamás,
unidos por siempre en Amor inmortal.

Renato Alejandro Huerta, (Poeta y Filósofo chileno.) 

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